Las siguientes dos cartas constituyen el dialogo fugaz y ridículo cuyo desenlace ocasionó la eterna disputa entre el señor Julio Hernández López, conocido periodista al cual no pienso dedicar introducción alguna, y su servidora.
Las pongo para dejar claro desde un principio el motivo por el cual el señor y su círculo de amigos serán constantemente mencionados. Están ustedes en libertad de decidir sobre su veracidad.
Carta 1. Del señor Julio Hernández López a su ilustrísima Lady Susan
Querida Señora:
Me he enamorado de usted y no tengo remedio. Una palabra suya, una mirada, un gesto, será la diferencia entre mi vida y mi muerte; tiene usted mi destino en sus manos.
Carta 2. De Lady Susan a Julio Hernández López
Querido Señor:
Aprecio su vehemente declaración de amor, y aunque no sea usted una persona respetable, ni sea elegante y físicamente atractivo, ni caballero tan de verdad como mi difunto Lord Vernon (cuyo recuerdo hace más profunda mi soledad), no podría permanecer indiferente ante tan notable admirador. Es por eso que le escribo, agradeciéndole el honor y pidiéndole perdón por la desazón que le causará mi negativa, confío en que ésta no será profunda y podrá volver sin más a los afectos más redituables y constantes de su verdadero amor: AMLO.

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