Resulta que vengo de las exequias de..., su excelencia, Doña M...., quien, tras años de invalidez, por fin pudo desembarazar a su familia de la pesada carga de lidiar con un enfermo. Y bueno, el caso es que yo me pregunto que hubiera pasado si esto hubiera sucedido unos años atrás (es decir entre el señor M... y yo), cuando yo todavía podía inspirar amor. ¿Él se me hubiera declarado?
De todas formas no creo agradarle al señor M..., incluso me reprendió hoy después de la misa de réquiem, y estoy segura que además se horrorizó de la pobreza de mi traje, por que me dijo-sin apartar la mirada del raido encaje del escote, que la tontísima criada no puedo remendar- apropósito de mi francés chapurreado: “Si no practica usted, muchacha, jamás logrará ser tan buena como su preceptora.” Porque ya saben ustedes que yo debo en parte mi finura al buen tacto de mi institutriz, la señorita O....
¿Creen que deba haber un comité para dictaminar en estos casos?
domingo, 15 de abril de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada